LA PEÑA HUEVERA
  El gentilicio de los habitantes de Valdelaguna es "abubillos". Esta denominación se debe a una leyenda asociada a una gran piedra cercana al camino que conduce al cementerio.
Según ésta, en tiempos lejanos, pasó un vecino junto a la peña y oyó un melódico sonido "bur, bur". Raudo, avisó a los vecinos del pueblo que alrededor de la peña, descubrieron aquel extraño ruido.
  Uno de ellos pensó que se podía tratar de la Virgen que se encontraba cautiva bajo la piedra diciendo que si no la sacaban se iría a Burgos.
  El pueblo se propuso liberar a la Virgen pero debían pensar en la forma de hacerlo sin que sufriera daño alguno. Para ello se decidió romper la piedra tirando huevos contra ella.
  Los vecinos congregados, llevaron todos los huevos que encontraron, y cuenta la historia, que fueron tantos los que tiraron que se formó un río de claras y yemas de tal magnitud, que llegó a ahogar a unos bueyes que en ese momento pasaban por la cercana carretera de Perales.
  Con este sistema no hubo forma de romper la peña pero de una de sus grietas salió una abubilla, descubriendo que el ruido que oían no provenía de la Virgen sino del pequeño animal.

LA CUEVA DE LA MORA ENCANTADA
  A unos dos kilómetros del pueblo por la carretera de Perales, encontramos en el término conocido como "Pasaero", junto al monte, una cueva que recibe el nombre de la "Cueva de la Mora Encantada" o "Cueva de MariCantar".
  Cuenta la leyenda que en tiempos de la Reconquista, los moros ante el acoso de los cristianos salieron huyendo dejando olvidada en el lugar a la hija del rey.
  Ésta, todos los años, en tiempos de siega cantaba desde lo profundo de la cueva, emocionando a los segadores con sus melódicos cánticos.
  Según la historia, el 24 de junio, Día de San Juan, salía al sol a peinar sus cabellos.
  Un año no se la vio salir ni se oyó su canto por lo que se difundió en el lugar el rumor de que la cueva estaba embrujada.

 

 

LAS LEYENDAS DE MANEL
Los Martinicos
 

  Hablando de leyendas, ¿a quién no le han contado también historias sobre duendes o hadas? A mí, de pequeño, mi abuela me contaba, sobre todo para tranquilizarme por el miedo que pasaba en la casa del pueblo, infinidad de historias que según decía eran verídicas. Recuerdo con especial cariño la de los Martinicos…

  << Cuando yo era niña, mi madre me contaba que en algún rincón de la casa estaba escondido un tesoro precioso y muy valioso que habían hecho los Martinicos con las cosas que nos quitaban de los juegos. Eran, según decían, muy traviesos pero capaces de convertir en oro cualquier material por despreciable que fuera. También parece que eran muy generosos y les agradaba ayudar a las personas en apuros. Estos seres, aunque nadie los haya visto de cerca nunca, viven en las cuevas, en los huecos de los árboles o en las casas viejas y son muy activos por las noches. Tanto que pueden llegar a molestar a los moradores de las casas. Pero en ningún caso hay que temerlos. Al contrario, piensa que son como de la familia y siente que están contigo sólo para ayudarte. >>

  Aunque, cómo no, también recuerdo algunas fábulas de hadas en las fuentes de El Pocillo, Valdelaoliva, Valfrío, la Tejera, etc.  Bueno, y no todo eran fábulas. Todavía recuerdo lo que me contó un duende, llamado Giuseppe, hace algunos años, sobre la cueva de la Maricantá...
  Por no hablar de otras tradiciones igualmente verbales y curiosas que también conocí en los años en los que pasé mis vacaciones en Valdelaguna.   Como, por ejemplo, el método para aprender a arar con “los siete cantitos”.  O las añejas letanías de “las doce y sereno… y todo tranquilo”.
  ¿Verdad o mentira? Sólo tú podrás descubrirlo. <<Asómate más, un poco más y te dejaré ver mi peine de oro…>> Ya sabéis, así suelen empezar los hechizos de las hadas: engatusando a los descreídos.
  Estáis intrigados, ¿eh? Eso es bueno: que tengáis curiosidad. Os contaré la historia que me contó el duende, que según decía se la había relatado la propia Nur. Es otra visión de:

La Cueva de la Maricantá

<< Nur es una bailarina egipcia, una auténtica gawazi que habita en la cueva de la Maricantá desde hace cientos de años. Desde que se perdió. Y hace lo único que sabe hacer muy bien, cantar y bailar. Sé, por lo que me contó un día, que era la esclava favorita, la protegida, de un gran señor, de un califa y, como era muy hábil con la danza y el canto, además, sabía tocar muy bien algunos de los instrumentos musicales que complacían a su amo, siempre, le acompañaba en sus largos viajes. Formaba parte de la caravana, dentro del grupo de músicos y animadoras, pero de una forma muy destacada. En uno de esos viajes, suscitó la envidia y los celos de las otras mujeres del califa y éstas la abandonaron en esa cueva. Con sus cantos y músicas, cada día, trata por una parte de olvidar su tristeza y por la otra confía que algún día su señor la oirá y mandará a buscarla.>>
  Particularmente creo que es importante seguir manteniendo vivas las tradiciones y leyendas porque de esta manera conservamos mejor el recuerdo de nuestros orígenes y de aquellos que nos han precedido.

© Manel Marina, junio 2006